Autor: Dr. Jorge Niklison
(Miembro Honorario Nacional)

El autor da su testimonio de la Cirugía Plástica durante cincuenta años de actividad desde los comienzos de los años cuarenta hasta la actualidad en la Argentina. Describe la evolución de la especialidad en el país, los cirujanos más prominentes que conoció y el origen y formación de la SACPER, finalizando con un breve resumen de los últimos años.

En los años ’40 sólo había en el país un reducido número de especialistas. Algunas publicaciones en revistas médicas o en el boletín de la Sociedad Argentina de Cirujanos registraban su actividad.

En 1941, se realizó en Río el primer Congreso Latinoamericano con escasa concurrencia. Los asistentes argentinos más conocidos eran Ernesto Malbec de Bs. As. y Lelio Zeno de Rosario.

De aquellos años recuerdo dos hechos. Uno fue la visita del afamado Sir Harold Gillies, al que vi operar en el Hospital Ramos Mejía. El otro, la muestra de plásticas palpebrales realizadas en el Hospital de Clínicas por el Dr. Ivanissevich con motivo de la visita del eminente oftalmólogo español Ramón Castroviejo. En el Clínicas se practicaban intervenciones de Cirugía Plástica, sobre todo rinoplastías. Allí Julián Fernández abarcó desde la cirugía general muchos temas de nuestra especialidad como las retracciones de cuello, y la reconstrucción mamaria con reconocida capacidad e indudable talento creador. A su lado se formó Miguel Correa Iturraspe, que fue el primero del grupo del Clínicas que se dedicó exclusivamente a la Cirugía Plástica.

A comienzos de esa década sobresale Ernesto Malbec. De fuerte personalidad, forjada en un pasado de dura lucha, primero como delegado estudiantil y luego como político de acción en Avellaneda, volcó finalmente su dinamismo y capacidad de trabajo en la cirugía plástica. Realizó su principal labor en el Hospital Ramos Mejía. Publicó numerosos trabajos y fue asiduo concurrente a reuniones dentro y fuera del país. Activo propulsor de la especialidad, realizó muchos viajes a los países más diversos, difundiendo los logros de nuestra entonces novel disciplina. Supo formar excelentes discípulos, entre los que se destacaron Norberto Spera y Jorge Quaife.

A comienzos del ’40 podían señalarse a otros cirujanos plásticos. Entre ellos Roberto Dellepiane Rawson, con quien colaboraba Simón Kirschbaum en una reducida dependencia del Hospital Rawson. Este último fue luego el fundador del Instituto de Quemados. En otros hospitales actuaban Angel Oghi ( Hospital Alvarez), Ramón Palacio Posse ( Hospital Alvear), Luis Monti ( Hospital Ricardo Gutiérrez), Tomás Zwanck (Hospital Militar), y Jorge Santa Marina ( Hospital Fiorito).

En esa época aparece una figura destacada y realmente singular, que merece renglón aparte: Lelio Zeno.

Llegó a la cirugía plástica como culminación  de un curioso periplo. Profesor titular de la 2a Cátedra de Clínica Quirúrgica en esa ciudad desde 1929, volcó posteriormente su interés en la Traumatología. Convertido en afamado cultor de la misma, fue invitado a organizar el centro de esa desciplina en Moscú en 1934. A su regreso sintiose atraído por la cirugía plástica, a la que dedicó su gran capacidad. Abarcó todos los campos de la misma, reuniendo tal cúmulo de trabajo, que en tan sólo cinco años -desde 1936 a 1941- pudo publicar su libro “Cirugía Plástica” (1942) en el que trata los más diversos campos de la especialidad, conteniendo 560 fotografías de casos personales e innumerables esquemas de las técnicas empleadas. Fue el primer libro de cirugía plástica en castellano.

En 1945 Ricardo Finochietto creo en su Servicio de la Sala 6 del Hospital Rawson la sección de Cirugía Plástica, poniéndola a cargo de Héctor Marino, que recién llegaba de una segunda estadía de especialización en EE.UU. al lado de James Barrett Brown en Saint Louis, y del grupo de discípulos de Blair, completado por Bradford Cannon y Frank Mac Dowell. El año anterior había estado en Inglaterra con los afamados Harold Gillies y Archibald Mc Indoe. 

1945/1950

En la sala 6, se fueron formando entre otros Jaime Fairman, Cornelio Marcelo O’Connor, y más adelante José Viñas, Adrián Spadafora y Erdulfo Appiani. Todos ellos adquirieron posteriormente merecida notoriedad.
En los años siguientes la Sección llegó a ser desbordada por la cantidad de pacientes por lo que luego, en vez de utilizar camas de Cirugía, se creó la Sala 7,  exclusiva de la especialidad.

En 1950 no se conocía aún la televisión en nuestro país. Ese año se realizó en Buenos Aires la primera exhibición. En ella se anunciaba una intervención quirúrgica. La misma estaría a cargo de Héctor Marino, para la cual eligió por su fácil visualización la resección amplia de un nevus gigante seguida de un injerto obtenido con dermátomo.  Las pantallas se dispusieron en la Facultad de Medicina y en el Plaza Hotel. Para explicar el acto quirúrgico se había dispuesto un diálogo entre Ricardo Finochietto y  yo, que relataba lo que se estaba haciendo mientras el Jefe me hacía preguntas aclaratorias. Una cámara nos enfocaba y otra lo hacía con el cirujano en forma alternada. Fue algo que interesó mucho y es en cierta forma equivalente a la primera filmación de una operación en nuestro país donde el Dr. Posadas opera un quiste hidatídico de pulmón. 

La Sociedad Argentina de Cirugía Plástica

En 1949 empezaron a realizarse reuniones de ateneo en los hospitales que contaban con cirujanos plásticos, uno pocos por cierto. Se presentaban en ellos casos que eran comentados y discutidos con gran interés.

Comenzaban habitualmente alrededor de las 21 hs. prolongándose hasta el filo de la medianoche. Una frugal merienda  – a veces no tan frugal – ponía fin a las reuniones. Los ateneos fueron ganando importancia con el correr del tiempo y fue entonces que Héctor Marino consideró que había llegado el momento de darles forma orgánica y que la iniciativa debía ser llevada a cabo por los cirujanos jóvenes. A tal fin me invitó a ocuparme de esta tarea. Así lo hice, concertando una reunión con Fortunato Benaim y con Jack Davis, a la que concurrí acompañado por Jaime Fairman. En ella hubo completo acuerdo. Poco después se puso en consideración el tema en  una reunión de ateneo realizada en el Hospital Argerich, en la que se elaboró un bosquejo de la organización.

Dos asambleas realizadas a fines de 1951 y a principios de 1952 redondearon el ateproyecto y finalmente el 24 de Marzo de ese año se firmó el acta de fundación, quedando constituida una comision directiva provisoria integrada por 14 miembros, que encargó a los consocios José C. Viñas y Alberto Beaux la confección de un estatuto y un reglamento. La primera reunión científica se realizó en la sede de la Asociación Médica Argentina el 17 de Julio de 1952. El 23 de Abril del año siguiente se llevó a cabo la primera asamblea general para elegir a la primera comisión directiva. Al respecto debo señalar el gesto de Héctor Marino que, habiendo sido el padre de la idea primigenia, no aceptó postularse para la presidencia, para la que tenía sobrados méritos, proponiendo y auspiciando para la misma a Ernesto Malbec, dando con ese gesto una clara muestra de desinterés personal. He querido señalar brevemente cómo se gestó la entidad, recordando aspectos iniciales que no aparecen consignados en relatos referidos al tema.

Hacia los mediados de la década del ’50 la cirugía plástica había adquirido considerable desarrollo. Ya todos los hospitales contaban con cirujanos plásticos. La SACPER, de la que fui luego presidente, reunía en sus sesiones a un múmero creciente de miembros. Se realizaba anualmente el Congreso Argentino en distintas ciudades. También tenían lugar las Jornadas Rioplatenses de Cirugía Plástica y los Congresos Latinoamericanos. 

Consideraciones finales

El progreso ha sido incesante. Nuevos procedimientos y elementos técnicos se han desarrollado. En la parte estética el rejuvenecimiento facial y el modelado corporal han sido el campo más novedoso con recursos tales como la lipoaspiración , prótesis para diversas regiones, expansores, microimplantes inyectables, la presoterapia cicatrizal, los rayos laser, etc. En el campo reconstructivo los colgajos mio y facio cutáneos, su traslado microquirúrgico y los grandes avances en cirugía cráneo facial con técnicas recientes como la distracción ósea.En el plano institucional la organización de verdaderas carreras de postgrado, que garantizan la formación de especialistas con sólidas bases científicas y prácticas. La entidad rectora del quehacer médico de nuestro país, la Academia Nacional de Medicina, ha reconocido la importancia de nuestra especialidad dedicandole un sitial que fue ocupado sucesivamente por los académicos Héctor Marino y actualmente por Fortunato Benaim.

Bibliografía:

Niklison, Jorge: 50 años de Cirugía Plástica : Revista Argentina de Cirugía Plástica: Vol 4, N° 1, Marzo 1998